Nunca imaginé que acabaría siendo tatuadora.

Mi historia empieza en el dibujo, la ilustración y la pintura; vengo de pasar horas creando con las manos desde que tengo memoria. El arte siempre ha estado ahí, mucho antes de saber que la piel también podía ser un lienzo.

La primera vez que la tinta entro en mi piel algo hizo clic. Aparecieron la curiosidad, las preguntas y una necesidad constante de aprender. Desde entonces, el tatuaje se convirtió en mi camino, en mi meta y en mi fuente de inspiración, un lugar donde unir técnica, sensibilidad y sentido.

Hoy tatúo desde la calma y la escucha, me especializo en linea fina, ilustración y realismo en blanco y negro. Me gusta que cada cita se sienta cercana, con buena vibra, conversaciones que fluyen y risas aseguradas, creando un vínculo real con quienes pasan por el estudio y diseñando tatuajes con intención, pensados para acompañar y envejecer bien con el tiempo.